HABRÁ LUGAR O ES CON RESERVA?
a dónde irán
las cosas que no
se lleva el viento?
a encontrarse
con las tapas
de los tuppers?
con las medias
pérdidas
en tu lavarropas
o en el mío?
con los mensajes
que pensamos
pero que nunca dijimos
HABRÁ LUGAR O ES CON RESERVA?
a dónde irán
las cosas que no
se lleva el viento?
a encontrarse
con las tapas
de los tuppers?
con las medias
pérdidas
en tu lavarropas
o en el mío?
con los mensajes
que pensamos
pero que nunca dijimos
ayer hablé de vos
y no, no fue en terapia.
bueno no,
en la terapia cientificista,
a la que voy,
para construir tu olvido.
fue en esa,
que se da con agilidad,
entre la barra y la vida...
hable sobre tu risa
que de a ratos
fue la nuestra,
y fui feliz.
porque el olvido
también es recordarte.
tb quise llamarlo PUENTE
Seguramente fue por las tipas, aunque bien podría haber sido por ese sentimiento identitario mezcla con melancolía que producen en los porteños los adoquines. También pudo haber sido por el ancho exagerado de la calle, que sumado al de la vereda se parece más a un cauce que a una calle. Sin embargo tiene que haber sido por las tipas, por su ritmo constante, sistemático, una hilera de troncos dispuestos al azar sin ninguna gracia aparente pero con la tensión que suponen dos líneas paralelas que jamás van a tocarse.
No, no fue el binarismo de un árbol si tres no avanzando sobre dos orillas. Siento una gran atracción por las perspectivas pero definitivamente no fue por eso. La espectacularidad de la calle Melian se encuentra entre las copas de sus árboles. La forma singular en la que cada una de las ramas se estudian y reconocen para darse lugar y avanzar en un movimiento pautado del tipo vos para allá y yo para acá. Haciendo caso omiso a las intersecciones, a los colectivos y autos, a la señora paseando el perrito. No repara, y espero que nunca lo haga, en el ritmo voraz de la ciudad.
La he transitado infinidad de veces. Me llevo conmigo la estela de sinergia, la extraordinaria imagen de tejido vivo cual bóveda de cañón corrido natural. Siempre tupida, siempre frondosa, que asume la belleza y el riesgo de ser tan distinta como única en su especie. Vos… qué haces que no venis conmigo? ¿Será que sufris al igual que las tipas la timidez de los árboles?
Al principio me daba mucho miedo olvidarla. Luego ese temor fue decreciendo hasta centrarse casi de manera exclusiva sobre su voz. El audio que guardo destacado en nuestro chat de whatsapp me sirve de placebo. Nunca lo reproduje. Saber que existe es lo que me reconforta. La improbable idea de que si le doy play ella vuelve.
Ayer mismo, mientras barría mi casa me pareció verla. Sentada en el sillón. Sin siquiera molestarse en levantar los pies para que pueda pasar la escoba. Estoy segura de que era ella por su mirada juzgadora frente a mis actos que rompen el pacto tácito auto-impuesto, de no limpiar la casa los fines de semana.
Para una mujer nacida en los 90’ es difícil satisfacer a una madre, casi tanto como acomodar una imagen en Word.
¡Basta mamá! Déjame pasar una, déjame sacar el polvo, dejame…
Cuánto desgaste, no es el orden ni la limpieza. Es el hábito imprudente de combatir al fuego con más fuego. Me siento a su lado. Le hablo y si bien en sus turnos reina el silencio me responde. Le cuento lo feliz que me siento por haber envejecido, la adolescencia me resulta insoportable. Sonríe. Me reconforta verla así. Desde que supimos que era cáncer le juré humor eterno.
No tendría sentido perder el tiempo huyendo de los hechos. La vi y me vio verla. El desorden y la mugre fueron testigos. Nos regalamos la una a la otra, un momento cotidiano. Cálido como una noche de enero en las que solíamos salir a la vereda después de cenar a tomar el fresco. Se que en algún momento dejará de llover, lo que no tengo claro es que hacer con el paraguas.
MDC dejar la mitad de un tomate
MDC aceptar una bolsa de plástico
MDC ahorrarme discusiones ideológicas.
MDC chusmear la pantalla de un celular que no es el mio
MDC fallar a una cita porque no tengo ganas de ir
MDC ir a una cita sin ganas de ir
MDC tocar el timbre del colectivo y no bajarme
MCD pedir menta granizada en el kilo de helado compartido
MDC bañarme antes de hacer ejercicio
MDC no bañarme dsp de hacer ejercicio
MDC darle paso a alguien y que esta persona se apure
MDC usar un cuaderno rayado
MDC bajar línea
MDC mi ego
MDC el orgullo
MDC no conocer las Cataratas del Iguazú
MDC no gustar de otro mate que no sea el amargo
MDC decir nos vemos pronto, cuando se bien que no sera asi
MDC pisar el pasto recién sembrado
MDC llegar temprano
MDC ser ansiosa
MDC comprar libros y no leerlos.
MCD escribir mal
MDC espiarte
MCD la culpa
MCD extrañarte
MCD el olvido
MDC admirarte
MCD el domingo
y a veces, las menos
MDC jugar a la pelota.
Es domingo de aniversario, de extensa sobremesa. De un modo espontáneo fue ganando terreno sobre los platos hasta lograr un despliegue de papeles, garabatos y trazos de distintos colores, con los que va ensayando nuestros nombres. Aprender a escribir es como hacer equilibrio, cada quien pone el peso donde mejor le resulte ya sea para avanzar o mantenerse quieto.
Es el turno de la cabecera cuando surge la duda, cómo es que si se llama Hugo no es U la primera letra de su nombre. Me toma por sorpresa y llego a destiempo para ensenarle que la H en el inicio es muda porque su finalidad es que distingamos una U de una V corta. El asombro fue aun mayor al oír esa voz entrecortada y carrasposa decir, que en este mundo hay cosas que aunque todos las sepamos nadie las menciona.
Vi la escena en cámara lenta, apurarme a estar en control fue inutil. Busqué sin éxito un punto fijo que me ancle que me ayude a digerir. Tengo la sensación de que llevaba años sin decir una palabra. Su discurso fue breve, e incluso mucho mas pedagógico. Todo con él es corto, las miradas, los abrazos, las visitas, las explicaciones.
Más tarde Marquitos volvería sobre lo ocurrido preguntando si el abuelo se refería con aquella declaración al pelo que usa la abuela, el cual parece no querer crecer ni cambiar nunca. Celebro su curiosidad constante con la que despliega bocanadas de aire fresco sobre los vicios de la vida adulta.
Cuando en cualquier contexto sale el tema de que Hugo no habla la gente suele preguntar si es mudo, cómo si llamarse al silencio no pudiera ser una elección, algo voluntario. Como si usar palabras no nos dejará al descubierto.