siempre.
no como un dato, si no como una escena.
ahí se me armó la infancia: el pulso lento, la intemperie.
ahí aprendí a escuchar el viento como si fuera un idioma.
después crecí, crucé aguas, me fuí convirtiendo en adulta,
pero la niña quedó anclada a ese sur inicial,
orquestando lo que hoy digo,
decidiendo cómo quiero ser.
soy de Rio Negro porque acá se me consolidó la raiz,
y desde esta raíz escribo ahora,
con palabras que traen orillas rioplatenses:
un poco de barro, un poco de música,
esa nostalgia suave que no duele
pero que nunca se va, allí es donde aprendí
a estar sola aún estando acompañada
y a observar antes de hablar.
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