jueves, 26 de marzo de 2026

Montaña

Si hubiese llevado una libreta de notas a la montaña, hoy tendría una que diría: 
Que delirio, cada paso es un estado de presente absoluto!
Creo que allá encontré la perilla que silencia al mundo -qué antigüedad decir: ‘perilla’-.
Hablando de antigüedades, el treking debe ser el deporte mas antiguo del mundo, no lo pienso discutir, en realidad no me dan ganas, me parece una verdad posible. (ah! si a alguien sabe con qué palabra sustituir el primer o segundo antiguo es bienvenido).
Posible fue ir a la montaña a hacer una travesia. (y si, se me ocurrió milenario, pero no queria entrar en una con los yoguis). Yo sin tener la más puta idea de lo que iba a consistir hacer una travesia: respirar, calmarse, contemplar, avanzar, sentir, disfrutar. Asi en loop, las 45 horas que sucedieron desde el viernes 19:30hs hasta el domingo 15:30hs. Desconectar un poco más que disfrutar pienso ahora, pero también pienso que no vale editar la emoción del momento asi que mantengo.
Fué algo asi como un reset del sistema operativo y también fué, como algo básico pero sofisticado al mismo tiempo. Es contradictorio si, pero representativo. Casi como un cameback y aprender a usarlo. Y ya que estaba, aprender a encontrar el ritmo propio. Aprender a escuchar nuevas partes de tu cuerpo, y de tu ser. Aprender a entrarle a una pendiente. Aprender a no colgarse de una roca, también conocido como “trepindanga” y no, no es joda. Aprender a tener conciencia del peligro pero para generar atención y no parálisis. Aprender a convivir con la fatiga. Reconocer los límites y las capacidades. Valorarse, valorar la salud y el cuerpo. Poner a prueba el equibrio y la generación de estrategia. Cuidar la mente. Quererse un cacho.
La montaña me dijo que lo importante es autosuperarse, muy parecido al mantra que más me repito en los últimos tiempos: “vence el que se vence a sí mismo”
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Gracias por leer


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