lunes, 11 de marzo de 2013

si vamos a tomar malas decisiones, pago la vuelta.


Incontables días sin dormir, la llevaron de aquí para allá, sin estar en ninguna parte.

Un bar convertido en refugio callaba las voces de su mente. Fueron muchas las noches en las que en él terminaba. Efímeros momentos en los que conseguía el descanso en su corazón.

Un hombre de ojos melancólicos como un tango que ya no suena, apoltronado sobre la barra no hacia más que observarla sin poder incomodarla. Se acerco, cauto, hasta el alma le olía a whisky.

Intercambiaron miradas, curiosas…

Permanecieron un momento en silencio, agudizando sus sentidos, volvieron a mirarse. Como si no pesaran las palabras, soltó que en su cara y sin mayores esfuerzos se podían ver las huellas del cáncer que la había engañado justo antes de consumirla.

Sus miserias los ponían en un estado de extraña conformidad. A gusto el uno con el otro.

El vaso de licor toco fondo. Algunos billetes quedaron sobre la barra. Sus manos se encontraron, sus pies los sacaron juntos del salón.

Afuera un taxi los alejaba de esa calle oscura, en la parte de atrás de un auto, dos desconocidos se juntaron para que al fin, Julia consiguiera dormir. 

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