Un día si, un día no. A
todos nos debe pasar pensás, mientras no podes terminar de deglutir esa longeva
sensación de estar en una duda continua, en la nada. Un día sí, y en un mínimo lapso todo
cambio. No podes dominar el poder que tiene lo efímero hoy en día. De pronto te
viene esa fuerza interna, la mas fuerte, la mas poderosa, así afirman y la definen “los
que saben”, esa que trae cambio, ese genuino y auténtico porque
alega ser producido por el intangible “motor interno”… si se encuentra con un entorno negado al
cambio las probabilidad de siniestros y chaparrones serán muchas… tan molesta es la quietud y lo
inunda todo. Sentís que tu motorcito se va quedando en el camino, no da abasto
el mecánico, el piloto empieza a acusar dolores físicos que le impiden
clasificarse cómodo para la largada… la carrera cada vez es entonces, mas
pesada, ni en las curvas entras en tiempo… para colmo el de al lado rompió la válvula
de escape y hay manchas de aceite por todos lados incitándote a salir de pista…
un mensajito brabucón se enciende en el tablero del auto: ABANDONÁ la carrera!
Y entonces darse por vencido es lo mas tentador que puede existir, se te canso
la vista, ya no medís bien las distancias, las señalizaciones dejaron de serte familiares,
desorientado en la vuelta anterior, saliste muy rápido de boxes y te comiste
una penalización, otro piloto te sobrepasa como un poste! Y vos, en vez de
querer coparte en esa ola carburante, no sos capas de sentir otra cosa que no
sea un malestar con vos mismo por no poder lograrlo, envidia, bronca, o
resentimiento… como se nubla la vista a veces. Desde la cabina, llegan voces
del equipo que no traen mas que presión a tu cabeza, hablan de números, de
tiempos, de sponsor y algunas otras cosas que hacen que el auto se agrande
tanto que no lo podes controlar ni en esta ni en 5 vidas! Probas con un
volantazo, una maniobra de riesgo que cambia radicalmente el punto de vista, woow!
Por qué no? Porque ahora el auto que era enorme empieza a ponerse estrecho, se
hace escaso el aire, no entras! El cartelito que antes apenas aparecía en tu
mente se vuelve mas y mas tentador, sacas los cubiertos, lo estas por probar, y
eso que ni siquiera sentís hambre! Pero así son las maquinas, entes autónomos que
responden a otra cosa… y en esta carrera
en donde piloteabas tu nave… la nave te pilotea.
Cuando salís ultimo en
la carrera, nadie festeja, motivos mas que suficientes para dejarse caer, para
sumergirse en esa anestesia raquídea... los zapatos que me probé hoy me sugirieron que
aproveche la calma de mi no-festejo, me sacaron del coche, por suerte, recordé la bici, no me dará la velocidad del auto, no me dará la fama del primer
puesto, pero mientras en el auto no consigo ver, en la bici me empapo la cara con un
aire renovador, me impulsa a verlo todo, a andar por alguna parte, y realmente es
mucho mas gustoso demorar pero llegar, que dar vueltas sin ir a ningún lugar…
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