La pelota no supero si quiera la barrera y las ilusiones de dar vuelta
el partido ya se habían diluido tanto para él como para algunos plateistas que
abandonaban el estadio, con el juego sin terminar.
Se levanto y fue a la heladera, a practicar ese ritual cotidiano de
sostener la puerta y ver con cierta admiración lo que hay dentro. Vacío.
Así también se sentía Miguel, solo. Los 90 minutos regulares y los 4 de adición que duro el partido
del club de sus amores no había podido contra la melancolía del domingo.
Agotadas las distracciones se vio tentado de hacer la llamada que hacia días evitaba exitosamente.
Qué le diría? Qué sucedería si ella no atendiese? Devolvería la
llamada? Seguro! pensó sin conseguir convencerse del todo. Había pasado mas
tiempo del que su cuerpo podía soportar solo, pensando, sin respuestas. Una ola
de coraje invadió su cuerpo.
- Hola.-un tono bajo casi imperceptible al otro lado de la linea-.
- Hola! Hoola, me escuchas?
- Si, si, te escucho. Qué pasa?
- Mmm... nada, mintió Y en esa fracción de segundo consiguió pensar que quizás ese fuese el problema, que ya nada pasase.
En los dos minutos siguientes la conversación llego a su fin. Con el teléfono aun en
la mano, y con mas preguntas que antes, se dirigió a la calle, quizás el aire frío del mar podía serle útil para aclarar sus ideas o para dejar de pensar en
ellas...
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